Cuando terminé el colegio secundario y tuve que tomar la decisión de qué estudiar, y, por ende, para dónde dirigir mi vida, la escritura no fue una opción. Irónico, teniendo en cuenta que el amor por escribir es algo que me nació apenas aprendí a formar letras, y nunca se fue. El problema, en mi cabeza, era éste: ¿cómo me voy a ganar la vida con libros, si no tengo ideas? ¿Qué pasa si tengo un contrato con fechas límite y se me va la inspiración?

El problema real: mi concepción errónea de las ideas y la inspiración. ¿Por qué? Porque ninguna de las dos llega sola. Las dos tienen que ser buscadas, estimuladas, trabajadas. En mi caso, mi primer proyecto original partió de un fanfiction que me inspiró a crear un personaje nuevo y, en torno a eso, todo un universo que se despegó completamente de la obra original. 


@deletrasyfantasia

Una vez que experimenté lo que era trabajar en algo nacido de mi cabeza, fue más fácil salir a buscar ideas nuevas y darles forma de historia. ¿Qué métodos, recursos o filosofías me sirven? Atención:

1. Cualquier cosa puede ser una idea

Mi segunda historia nació a partir de un sueño: una escena muy acotada pero muy vívida, que escribí apenas me levanté. Había varios personajes con relaciones claras entre ellos, tenía la noción de que algo grave había pasado previamente, y que el protagonista tenía una misión en ese momento. Años después, quise empezar a escribir algo nuevo, así que agarré esa escena, y empecé a llenar los espacios en blanco. Me pregunté quiénes serían esos personajes, dónde era que vivían. Cual era el conflicto y la misión de este protagonista, y qué cosa grave complicaba las cosas. A partir de esos puntitos empezó a crecer la idea - y este último noviembre, se convirtió en mi primer borrador terminado.

El punto es: cualquier cosa puede ser el puntapié inicial para escribir. Es cuestión de estar atentos, buscar cosas interesantes a nuestro alrededor (sueños, personas, diálogos, lugares), y trabajar sobre ellas.

2. Una sola idea no siempre basta

Un problema que veo seguido, tanto en mí como en otras escritores, es el tener una idea, pero que se queda corta. Tengo a los personajes, pero no sé que hacer con ellos. Tengo un universo súper original, pero no se para dónde llevar la historia. Esto es particularmente importante en géneros como la fantasía, donde suele haber libros extensos, compuestos de varias tramas. Acá, algo que me resultó clave es juntar ideas. Personajes, conflictos, tipos de relaciones, lugares. Cualquier elemento que se te ocurra pero no te alcance para una historia puede servirte más tarde y enriquecer a otra, así que anotá todo lo que se te ocurra para más tarde.

3. Escribí sobre cosas que ames

Sí, sí, es un cliché. Seguro lo escuchaste antes. Pero nada es más motivador que escribir sobre algo que te apasiona, que te gusta, algo sobre lo que querés hablar. Además, seguro sea algo de lo que sabes mucho, y eso te va a venir bien a la hora de trabajar.

4. Inspírate en la historia

No es ningún secreto que muchos libros nacieron a partir de eventos concretos del pasado del mundo. Para mí, leer sobre historia no sólo nos sirve para basar a nuestros personajes, universos o conflictos en situaciones reales, si no que nos abre la cabeza para inventarlos. Por un lado, el saber cómo funcionaban las distintas culturas en la antigüedad nos puede dar el empujón necesario para crear la nuestra. Por el otro, existen tantos personajes o acontecimientos bizarros, que nada de lo que escribamos nos va a parecer demasiado descabellado.


5. El bendito brainstorming

El salvador. Si no fuera por las lluvias de ideas, jamás habría pasado de las primeras quince páginas de ningún manuscrito.

Acá es donde la cosa se pone personal, y cada uno tiene que encontrar su manera. La idea básica es escribir todo lo que se te ocurra; a la larga, vas a poder hacer conexiones entre esas cosas, y construir sobre ellas. Tener las cosas en papel te va a ayudar a ver todo con claridad, especialmente si sos una persona desorganizada como yo. 

Importante: libertad. No importa la letra que uses, el orden, el papel - lo único que importa es que lluevan las (posibles) ideas. Escribí todo lo que se te ocurra, y después ves. Escribí qué preguntas tenés, qué respuestas se te ocurren. Escribí varias opciones para elegir después la mejor, escribí aunque no estés seguro de que vaya a funcionar. 

Algo que a mi me funciona todavía más es hacerlo en voz alta, con grabadora en mano, y después pasar al papel lo que me sirva.

¿Se les ocurre alguna (no pun intended) idea más? ¿Suelen tener problemas para inspirarse?